El fraude más común del sector no ataca la máquina: ataca la transferencia. Y se evita con una regla muy simple.
En la compraventa de maquinaria industrial, el riesgo que más dinero se lleva no es comprar una máquina peor de lo esperado. Eso duele, pero se negocia. El riesgo grande es transferir el importe y que ese dinero no llegue nunca a quien debía.
Son operaciones perfectas para el fraude: importes altos, partes que muchas veces no se conocen en persona, países distintos y todo negociado por correo electrónico. Esta guía explica cómo se estructura un pago que no te deje expuesto.
Funciona así. Alguien accede a una cuenta de correo — la del vendedor, la del comprador o la de un intermediario — y vigila la conversación en silencio durante semanas. Aprende los nombres, el tono, el importe y, sobre todo, la fecha en la que se va a pagar.
Justo antes de esa fecha envía un correo que parece la continuación natural del hilo: un problema con el banco, una auditoría, un cambio de entidad, y unos datos bancarios nuevos. El texto es correcto, la firma es la de siempre y a veces el mensaje llega desde la cuenta real. El comprador transfiere y el dinero desaparece en horas.
Ninguna cuenta bancaria se cambia por correo electrónico. Nunca. Si recibes unos datos bancarios distintos de los acordados, o unos datos por primera vez, los verificas llamando por teléfono a un número que ya conocías de antes, no a uno que venga en ese mensaje.
Y no respondes a ese hilo para preguntar: si el correo está comprometido, quien contesta es el estafador. Llamas. Es una regla tan simple que parece innecesaria, y es la que separa las operaciones que salen bien de las que acaban en una denuncia.
La transferencia directa es la más habitual y la que menos protege al comprador: una vez ejecutada, recuperarla depende de la velocidad y de la suerte. Protege al vendedor, que cobra antes de entregar.
El depósito en garantía, o escrow, equilibra: un tercero profesional retiene el dinero y solo lo libera cuando se cumplen las condiciones pactadas. Cuesta una comisión, y en operaciones de cierto importe esa comisión es barata comparada con lo que cubre.
El crédito documentario, más pesado y más caro, tiene sentido en exportaciones grandes y entre partes que no se conocen: el banco paga contra documentos, no contra promesas. Para una máquina suelta suele ser desproporcionado.
Es la estructura más práctica en operaciones medianas y la que reparte el riesgo de forma razonable. Una seña a la firma que bloquea la máquina; un segundo pago cuando se ha verificado, inspeccionado y está lista para cargar; y el resto contra la carga efectiva o la llegada a destino.
Lo importante no son los porcentajes exactos, sino que cada pago esté atado a un hecho comprobable y por escrito. «Pago al entregar» no significa nada si no se ha definido qué cuenta como entrega.
La primera hora es la que cuenta. Llama al banco y pide la retrocesión inmediata de la transferencia; cuanto antes se pida, más posibilidades hay de bloquear los fondos en el banco receptor. Después, denuncia ante la policía y conserva todos los correos con sus cabeceras completas, que es donde se ve el origen real.
Avisa también a la otra parte por teléfono: si el correo comprometido era el suyo, hay más operaciones en curso y probablemente no lo saben.
Antes de llegar al pago conviene haber verificado la máquina: empieza por la placa de características y por cuánto ha trabajado de verdad. La guía completa de compra reúne todo el proceso, y si prefieres que alguien la vea antes de que salga el dinero, organizamos la inspección.
Esta guía recoge prácticas habituales del sector y no constituye asesoramiento jurídico, fiscal ni financiero. En MAKINTER el dinero de la compraventa nunca pasa por nuestra cuenta: el comprador paga al vendedor o a un depósito profesional independiente, y nosotros facturamos únicamente nuestra comisión.